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Editorial Point de Lunettes

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Ficha técnica: Albúm blanco.

Francisco Silvera: Álbum blanco.


Año de edición (Otoño 2011).
Tamaño 8º, 84 pp. pp.
Portada: Collage digital de M.ª Jesús Casermeiro
Tipos: Janson text y Gill sans.
Impreso a doble tinta.
Tirada: 799 ejemplares.
Imprimió: Entorno Gráfico (Atarfe, Granada).
Encuadernó: Olmedo Hnos. .

 

Portada


Bio-bibliografía del autor:

Francisco Silvera (Huelva, 1969). Profesor de Filosofía, gestor cultural escarmentado, sigue ejerciendo labores de asesoría musical para la Junta de Andalucía y literarias en la Diputación de Huelva. Ha publicado cuatro libros de creación: Las apoteosis (2000), Libro de las taxidermias (2002), Libro de los humores (Point de Lunettes, 2005) y Libro del ensoñamiento (2007), y tres de ensayo: Copérnico y JRJ: Crisis de un paradigma (2008), y El materialismo de Juan Ramón Jiménez. (JRJ excavado: alma y belleza, 1900—1949) (2010) y J.R.J. en el A.H.N. Vol 2: MONUMENTO DE AMOR, ORNATO y ELLOS (2011), además de artículos y cuentos en diversas revistas y antologías. En la actualidad codirige, junto al profesor Javier Blasco, “Obras de JRJ” en 48 vols. para la editorial Visor.

 

Sinopsis del libro

Álbum Blanco es un relato enhebrado a partir de los títulos de varias canciones de The Beatles. Quizás el homenaje más original y profundo que se haya hecho a The Beatles desde la literatura en castellano. A la novela siguen unas reflexiones sobre la música y su importancia en la educación sentimental de las sucesivas generaciones de los últimos 50 años.

Texto

(páginas 70 y 71)

 

Elogio del Rock

El Rock, tenido por un Arte menor, es uno de los fenómenos culturales más importantes del siglo XX. Prácticamente ninguna generación, especialmente desde los años 60, ha crecido sin la influencia de las estéticas y las ideologías diversas de los músicos de Rock.
Música popular, para la que no se requiere formación teórica, que no persigue técnica alguna en la interpretación de los instrumentos más que la expresión, el Rock ha simbolizado a la perfección el antiguo concepto heroico del “genio” artístico. Hendrix, Morrison, Buckley, Joplin o Lennon, han sido los dioses de otros músicos, pintores y escritores quienes, más allá de las coordenadas anglosajonas que originaron esas mitologías, han construido sus vidas de creadores participando de ese culto estético. Cuando hablamos de Rock, ya no se trata de un hecho escandaloso para una juventud de un país concreto, sino del contexto real que ha dotado de una cierta universalidad y perspectiva común a pensadores de todo el mundo. Habrá quien quiera negarlo pero la influencia artística de Bob Dylan es más equiparable a la de Mozart que la de Stockhausen.
El Jazz, el Rock, el Pop, siempre limítrofes con la música-basura de consumo, tienen el don de la inmediatez, sólo comparable a la capacidad de conseguir el trance místico en cualquier música tradicional de cualquier cultura del mundo. Es altanería hipócrita y etnocentrismo racista apreciar las composiciones para percusión de Burundi y no querer asumir la energía hipnótica de un Jumpin’ Jack Flash de The Rolling Stones.
A cada cual lo suyo, cada alimento a su hora y circunstancias. Pero un admirador, como yo, de Francisco Guerrero, Morton Feldman, Messiaen, Cage, Berio, Schönberg, Maderna… se pregunta la cuestión, ya tópica y banal, de por qué los compositores se separaron de los oyentes hasta la indiferencia. Y, sin embargo, Ornette Coleman, Frank Zappa, King Crimson, Autechre o Miles Davis han hecho comulgar con ruedas de molino a sus seguidores sin decaer en absoluto en su valoración y cercanía.
El no-academicismo de la música popular jamás ha supuesto la pérdida de la capacidad de innovar, evolucionar, de reinauguración constantes; complejidad y extrema simplicidad han convivido armoniosamente. La música académica ha muerto, en parte, por su intento desesperado de ser un Arte con discurso lógico propio; ya no tiene capacidad de sorprender, hace tiempo que traspuso el umbral de la sensibilidad, porque muy pocos participan de su discurso. Hay casos flagrantes, y criticados, de creadores conscientes que han buscado la expresión, o el vacío, más allá de la ortodoxia: Arvo Pärt, Federico Mompou, el ya citado Morton Feldman… “¿Queda humor en la música?” se preguntaba Zappa. ¿Y en la literatura?...