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Ficha técnica del libro

Juana Olmedo: La vida vieja.
Año de edición (Otoño 2013).
Tamaño 8º, 74 pp.
Tipos: Janson text y Gill sans.
Impreso a doble tinta.
Portada: Collage digital de M.ª Jesús Casermeiro.
Tirada: 1200 ejemplares.
Imprimió: Entorno Gráfico (Atarfe, Granada).
Encuadernó: Olmedo Hnos.

 

Portada

 

Bio-bibliografía del autor:

Juana Olmedo Cardenete es Licenciada en Derecho y estudiante de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada. En 2007 obtuvo el primer premio de fotografía de serie en el concurso “Un día en las Universidades Andaluzas”. En el certamen de “Relatos de Verano” del diario Ideal, consiguió en 2008 el tercer premio y un año después el primer premio con el relato Habitación de hotel. Con la obra Cartas de una estudiante desconocida, ha logrado un accésit en el II Certamen Literario de la Biblioteca Universitaria de Granada (2013).

 

Sinopsis del libro

La vida vieja, libro ganador del premio “Federico García Lorca” para Estudiantes de Universidades Españolas 2012 en su modalidad de narrativa, es un conjunto de nueve relatos entrelazados en los que diversos personajes ofrecen una insólita y cautivadora visión de la realidad.

 

Texto (páginas 43-45)

UNA HABITACIÓN PROPIA


[…] Cuando despierto, estoy sola. Mateo juega hoy un partido de fútbol sala y se quedará a comer con la peña, lo ha dejado escrito en una nota sujeta con un imán en la nevera. Los niños, de vuelta de la excursión que han cancelado por la lluvia, traen las zapatillas llenas de barro y están hambrientos. Les cocinaré patatas fritas con huevo y chorizo. Por la tarde tienen partido de baloncesto y necesitan la ropa de deporte, que he olvidado recoger del tendedero y está mojada. Hago las camas y aspiro los ácaros de la alfombra del salón y del sofá. Barro, friego, paso la mopa por el parquet, pongo la lavadora y el friegaplatos, que está lleno y huele a restos de comida descompuesta. Meto en el horno la masa del bizcocho de limón, en media hora estará listo. Como no quedan huevos, bajaré a comprar un pollo asado. En la cola del asadero un violinista toca sin pasión y con desgana “bésame mucho”.
Me encuentro en el rellano a mi vecina Lily, de vuelta del médico, un poco pálida. Se interesa por mi novela. Le digo que aún no la he empezado, me agobian las faenas domésticas cotidianas. Le pregunto si su asistenta dispone de algunas horas libres para mí. Se lo dirá hoy mismo.
Mientras se fríen las patatas, quito el polvo de la estantería y ordeno mis libros; me gusta mirarlos, los toco y cambio alguno de lugar, tengo un estante en el dormitorio, cerca de mi cama para mis favoritos, y pienso en mi novela futura e inédita. He gastado las horas predestinadas, se me ha pasado toda la mañana de aquí para allá con tareas prosaicas, insulsas, así que dejaré el comienzo para la tarde, ya es la hora de almorzar. Todo está en mi cabeza, pensado, pero quizá nunca salga de ahí, ni los personajes, ni la fábula, ni la protagonista, que es un trozo de mí misma. Ayer ella se desesperaba ante la imposibilidad de tomar la decisión de abandonar a su marido, al fin y al cabo le debe la vida, pero hoy he decidido que va a ser feliz para siempre, dejará al marengo y desaparecerá con su amante. Ella saca en claro de su historia, después de tantas dudas e indecisiones, unas cuantas horas, como las mías, pensadas o imaginadas, malgastadas o vividas sin ningún propósito concreto, al azar. Espera con ansia ese momento que a veces, contra todo pronóstico, se abrirá y le ofrecerá lo más grato de la vida. Aquello que siempre ha soñado un día tras otro, puede que suceda. Aunque sabe también que quizá no ocurra nunca lo deseado. Y pensar en esa posibilidad será duro y amargo.
Mientras esperamos ese instante preciso, ese suceso favorable, sentimos que el tiempo se nos escapa y lo que hacemos, a veces no nos complace. A pesar de todo continuamos arrastrados por la inercia, por la vivencia extrema de lo habitual. Soñamos, perseguimos ilusiones e intentamos, con más o menos afán, hacer lo que nos gusta.
Saco la basura que está atiborrada de envases de plástico para reciclar. En la puerta, mi vecino despide a la chica de la limpieza, que tras terminar su trabajo alarga la mano para coger el dinero que Pablo Antola le tiende. Cada uno ha gastado sus horas, parecen felices. Quizá sólo sea una apariencia.
Mañana empezaré mi novela definitivamente, tengo que dejar de ser una escritora mental. Intentaré acostarme temprano. Mañana madrugaré, tomaré un café oscuro y humeante, me pondré manos a la obra. Escribiré mi libro.
Pero eso será mañana.