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Ficha técnica: Libro de los humores.

Francisco Silvera: Libro de los humores.


Prólogo de Luis Miguel Godoy.


Año de edición (2005).
Tamaño 8º, 160 pp.
Tipos didot.
Impreso a doble tinta (negra y azul oscura).
Ilustraciones de Juan P. Suárez.
Viñetas de Mª Jesús Casermeiro Castro.
Tirada: 1000 ejemplares.
Imprenta Girón (Huelva)

 

Bio-bibliografía del autor:

Francisco Silvera (Huelva, 1969), licenciado en Filosofía y gran amante de la música popular y clásica, ha publicado dos libros de relatos anteriores al Libro de los humores: Las apoteosis (Diputación de Huelva, 2000) y Libro de las taxidermias (Diputación de Granada. 2002). Sus relatos cortos se caracterizan por el dominio técnico del relato, por la riqueza de estilo y por sus arranques líricos. También por las hondas reflexiones que de sus acciones se extraen, a veces muy pesimistas y de un humor muy negro. Es colaborador habitual de varias revistas literarias (Extramuros, Los papeles mojados de Río Seco, Tranvía etc.) y Asesor Literario de la Diputación Provincial de Huelva, donde codirige la colección “Gerión” del servicio de Publicaciones de la misma. Durante los años 2002 y 2003 fue director del Festival Internacional de Música de Ayamonte y actualmente es asesor en cuestiones musicales de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía y es el encargado de la Junta de Andalucía para organizar los actos del Cincuentenario de la concesión del Premio Nobel de Literatura a Juan Ramón Jiménez.

 

Sinopsis del libro

Libro de lo humores recopila una serie de relatos inéditos de Francisco Silvera. Como en sus dos libros anteriores, el autor trasciende las anécdotas cotidianas de personas normales de una provincia cualquiera hasta deformar la realidad. En su Macondo particular (Villeta de la Algazara) los personajes se mueven con el hondo pesimismo de las vidas cotidianas y anodinas. Sólo el humor (a veces muy negro) salva al lector de esas situaciones tensas, de final inesperado, y le comunica la mirada humana de su autor. Son relatos donde la muerte, como en sus dos libros anteriores, no deja de planear. Relatos donde a la eficacia narrativa se añade la riqueza léxica y verbal de estilo. Porque Silvera, al arte de la narración, suma el oficio de escribir de forma magistral, con la sintaxis precisa y el ritmo y las imágenes apropiadas para el tiempo narrativo correspondiente. A la brillantez del estilo culto, narrativo, agrega el autor el lenguaje pinturero, en boca de sus personajes, de la gente de a pie, a veces demasiado de a pie. Relatos donde la anécdota trasciende y se convierte en ideas universales, rozando la honda reflexión filosófica de base escéptica pesimista o, al contrario, se parte del mito hasta descomponerlo en vida cotidiana, dejándonos la duda de si tras esas situaciones, tras el mismo acto de la lectura, hay algo que permanezca, que dure y merezca la pena. Es un libro de gran unidad estructural, con la vida dividida en cuatro tipos de humores (la palabra “humor” en su acepción médica antigua): “Humores de la política”, “Humores de repente”, “Humores de eternidad”, y “Humores en prosa”.

 

Texto (entre las páginas 74 y 75)

Al Doctor Godoy



Era temprano. Los locos aún no habían salido a las calles. Los comercios aguardaban soñolientos la llegada de los clientes, alguna señora mayor rondaba los escaparates y, en una esquina distante, un barrendero baldeaba con el agua a presión de una boca de riego.
Un frío resignado, aunque repleto de vida naciente, rozaba la solería; los pasos eran tiempo, latidos despaciosos en constante búsqueda. La soledad de las tiendas escondía la calamidad diaria, la comedia cotidiana de familias enteras. Una luz tímida lo mojaba todo.
– Buenos días.
– Que los dé Dios –contestó el dueño de la administración de loterías.
– A ver si me puede usted mirar este boleto, hombre.
Había en su voz una esperanza oculta. Una cierta emoción impregnaba sus palabras, el misterio alegraba su corazón. ¿Cuántos millones yacían en aquel papel? ¿Reposarían en él los cambios que tan ansiosamente deseaba? Sentir de preludio...
– Claro, cómo no. Esto es un momento. Nada, no hay premio. Ahí tiene usted una papelera.
– Déme otra apuesta para esta semana, quién sabe.
Toda la mañana se había posado cansada en su rostro, con la fuerza del laboreo para otra jornada más. En una fracción de segundo, ilusión y triunfo eran anodina cotidianeidad. El semblante amable tras el grueso cristal saludaba alentador, una sonrisa, otra persona... Otro boleto.
Quedó solo el lotero. Esperó unos instantes. Después salió del habitáculo blindado. Escogió un cartel anunciando que había salido a desayunar y lo colgó fuera. Cerró las puertas y corrió un grueso cortinaje. Se cercioró de que nadie pudiera verle.
Agachó trabajosamente su pesado cuerpo y comenzó a remover décimos y recibos en el interior de la papelera.

Reseñas de prensa