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Ficha técnica: Rescoldos, seguido de Carta de Gredos.

José Antonio Muñoz Rojas: Rescoldos, seguido de Carta de Gredos.


Prólogo de Antonio Carvajal. Notas de Clara Martínez Mesa.


Año de edición (2005).
Tamaño 8º, 84 pp.
Tipos didot.
Impreso a doble tinta.
Viñetas de Mª Jesús Casermeiro Castro.
Tirada: 1000 ejemplares.
Imprenta Girón (Huelva)

 

Bio-bibliografía del autor:

José Antonio Muñoz Rojas nace el 9 de Octubre de 1909 en Antequera, Málaga. Sus años de colegial transcurrieron entre Málaga y Madrid. Comienza su carrera de Derecho en Madrid. Influido por Antonio Machado escribe su primer libro de poemas, Versos de retorno (1929), gracias al cual conoce a Prados, Altolaguirre, Hinojosa y José Luis Cano. Después, en Madrid, conoce a los poetas profesores, a Juan Ramón y a los demás del 27, cuyo seno de vida literaria, en la que participó como joven discípulo, le traerá a tres de sus amigos y maestros: José Moreno Villa, Dámaso Alonso y Vicente Aleixandre. Poco después conoce a Ridruejo, Leopoldo Panero y los de la llamada generación del 36, con los que funda Nueva Revista y junto a los cuales aparecerá en las páginas de Cruz y Raya años más tarde. Antes y después de la guerra publica textos poéticos, narrativos y ensayísticos en revistas de talante tan variado como Insula, Cántico, Escorial, Revista de Occidente o Papeles de Son Armadans. En 1934 termina la redacción de Ardiente jinete, que no se publicará hasta 1984. Con este librito de poesía gana uno de los premios del Concurso Nacional de Literatura, junto a Aleixandre, Cernuda, Altolaguirre y otros. Ese mismo año participa en el homenaje a Pablo Neruda de Caballo verde para la Poesía, y comienza su contacto personal con Miguel Hernández y con García Lorca. Atraído desde siempre por la poesía de John Donne y de T. S. Eliot, en 1936 marcha a Cambridge, donde estudia las relaciones de la poesía metafísica inglesa con el Siglo de Oro español. Allí conoce a Unamuno y al propio T. S. Eliot. Al estallar la guerra, puede trasladarse a Cambridge como Lector de Español, donde continuarán sus investigaciones. En 1939 vuelve a España y conoce a Mª Lourdes Bayo, su futura esposa. En 1951 inicia junto a Alfonso Canales la colección malagueña “A quien conmigo va”. En La Casería del Conde, su casa desde entonces, en Antequera, lee a Fray Luis y, como él, disfruta de la contemplación del campo y de la experiencia real de la vida en él. Sigue viajando a Madrid, donde continúa su vida literaria. En 1942 publica en Málaga los Sonetos de amor por un autor indiferente (Edic. Meridiano) y un año después, en Adonais, Abril del alma, cuyos alejandrinos iniciales nacieron una tarde de invierno en el campo, esperando la primavera. En 1945 publica Historias de familia en la Revista de Occidente, obra que tuvo un éxito considerable entre la narrativa de los cuarenta. En 1951 se publica en la colección malagueña “El Arroyo de los Ángeles” su libro más conocido, admirado y editado, Las cosas del campo, que él escribió únicamente para dar rienda suelta a sus vivencias con las gentes y el día a día del campo andaluz; la segunda parte del libro, Las musarañas de ensoñadora recreación de la infancia, se edita en Revista de Occidente en 1957 y acaba de ser reeditada por Pre-textos. Un año después comienza a trabajar en la Sociedad de Estudios y Publicaciones que había iniciado Juan Lladó en el Banco Urquijo, donde realiza una gran labor de mecenazgo cultural durante un período de verdadero humanismo en la España de entonces. En 1954 publica Cantos a Rosa en Adonais, su gran libro de poesía amorosa, que irá creciendo con los años en sucesivas ediciones ampliadas, en un tono muy diferente al de los sonetos de los cuarenta. De 1954 a 1980 escribe dos grandes poemarios, Consolaciones y Oscuridad adentro. Su poesía hasta la fecha se recopila por primera vez en 1989, en cuidadísima edición de la Poesía prácticamente completa del autor hasta 1980 por el profesor Cristóbal Cuevas. En 1976 se reedita Las cosas del campo en Destino. En 1979 se publican por fin sus Cuentos surrealistas, que fueron redactados en los años treinta. En 1992 aparece Amigos y maestros, como homenaje a tantos escritores y pensadores del siglo veinte a los que trató y de quienes se considera admirado discípulo. En La gran musaraña, publicada en 1994, plasmará, tras su jubilación, sus memorias en una prosa poética. Los Ensayos anglo-andaluces de 1996, suponen un tributo a las letras inglesas desde el prisma de su propia tradición. En 1997 nos sorprende con un nuevo tono lírico, entre lo coloquial y lo metafísico, con sus Objetos perdidos, que le trajeron el Premio Nacional al año siguiente, tono que ha culminado en la amargura y la clarividencia de Entre otros olvidos, de 2001, poemario de lo más profundo del alma humana y sus misterios.
Acaba de recibir el XI Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, lo que ha supuesto el más reciente eslabón del merecido reconocimiento público a su trayectoria creativa.

 

Sinopsis del libro

Rescoldos recopila textos inéditos de José Antonio Muñoz Rojas desde 1940 a 1991, coincidentes la mayoría de ellos con su mejor época, la de la aparición de Cantos a Rosa y Las cosas del campo.


Rescoldos se compone de dos partes: Un primer libro llamado “Rescoldos”, de poemas y cartas en prosa (“Dones inadvertidos”, “Calma y espera”, “Sueño adentro”, “Salmo”, “Como tu barro”), en donde mezcla la reflexión metafísica y poética de carácter lírico con la reflexión religiosa. Y una segunda parte, que es la Carta de Gredos, importante reflexión en prosa sobre la creación poética y el sentimiento religioso del autor, una de las mejores “Poéticas del siglo XX”.


Se trata de poesía lírica en versos amplios sin rima, de tradición inglesa, y una prosa que tras un como aparente descuido, modifica el ánimo del lector con excelentes y poco usuales quiebros sintácticos. Al poema lírico amplio (salmo) añade el cultivo de la epístola literaria en prosa poética. Uno de los mejores libros del autor, donde todos los textos coinciden en una reflexión sobre el hecho poético que es propia de la madurez de un escritor escritor clásico.

 

Texto (entre las páginas 40 y 41)

SUEÑO ADENTRO



Hoy ya que sólo queda la sombra y el recuerdo,
la sombra de los árboles saliendo entre la brisa
de aquel jardín en donde las horas iban lentas,
como un cielo de noche, sin noche y sin orillas.
Hoy ya que sólo llevo tantos pozos a donde,
si me asomo, contemplo las cosas que me miran,
la mano vieja, el tacto, la estancia grande y clara,
el silencio y la voz cantándome tranquila
mientras me voy perdiendo sueño adentro. En la calle
un silbido, unos pasos, un vuelo. No se olvida
lo que escriben los sueños en la sangre. Revive
por la noche y a veces nos hace por el día
tornar la cara. Llaman. Ay qué sombra tu sombra
en las paredes blancas, tu falda fugitiva
entornando postigos, dejándome embarcado
riberas de los sueños, aguas del sueño arriba.
Hoy que todo se hace transparente y tranquilo
como el mar cuando está muy cerca de la orilla,
y latido a latido el corazón devuelve
la ternura hecha sangre que parecía perdida.
Todo torna a lo mismo. ¿No son las sombras sabias
guardando los espejos, donde se vio algún día
aquella cara joven, aquella forma dulce,
aquel calor de ave en la mano? Prendida
de paso y para siempre clavado, para siempre
haciendo aquel instante. En lo hondo, a lo lejos,
¿este cuarto, este instante tus ojos no veían?

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