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Ficha técnica del libro

José María Conget: Parpadeos, espectros y Shazam!





A&ño de edición: 2010.
Serie naranja. Colección de ensayo.
Tama&ño 8º, 284 pp.
Tipos: Janson Text y Gill sans.
Impresión a doble tinta
Tirada: 1000 ejemplares.
Ilustración de cubierta: Miguel Conget.
Imprimió: Entorno Gráfico (Maracena, Granada).
Encuadernó: Olmedo Hermanos.

 

Bio-bibliografía del autor:

José María Conget (Zaragoza, 1948) es Licenciado en Filosofía y Letras y, tras haberse dedicado a la gestión cultural (Trabajó en el Instituto Cervantes de Nueva York y de París), impartió clases de Ense&ñanza Secundaria en institutos de Andalucía. Ha vivido en Glasgow, Lima, Londres, Cádiz, Nueva York y París, y en la actualidad reside en Sevilla, ciudad en la que se dedica a la escritura. Realizó una antología sobre el cine y la poesía de Espa&ña: Viento de cine (Hiperion). Es un gran especialista en tebeos y fue comisario de una exposición sobre el nuevo cómic espa&ñol. Es autor de ensayos y, sobre todo, de novelas, género en el que es autor de reconocido prestigio por su dominio del estilo y de la estructura narrativa. Sus libros y novelas se han ido publicando en editoriales de referencia como Pre-Textos, Alfaguara, Hiperion o Renacimiento. Destacan: Quadrupedumque (1981), Comentarios (marginales) a la guerra de las Galias (1984), Gaudeamus (1986), Todas las mujeres (1990) como Palabras de Familia (1995), Cincuenta y tres y Octava (1997), Hasta el fin de los cuentos (1998), Vamos a contar canciones (1999), Una cita con Borges (2000), El olor de los tebeos (2004), Bar de anarquistas (2005), Pont de L'Alma (2007).

Sinopsis del libro

Espectros, parpadeos y Shazam! es una recopilación de artículos de opinión, prólogos y otros escritos cortos sobre cine, cómic y libros. Son textos breves, sorprendentes casi siempre en su desarrollo y en su contenido, en los que el autor toma postura sobre diferentes cuestiones no sólo referentes a las películas o los libros y tebeos que comenta, sino a diferentes aspectos de la realidad social y cultural. Los tonos líricos y autobiográficos de nostalgia (los tebeos de la ni&ñez), la punzante ironía, la mezcla de lo culto y el exabrupto conversacional, lo humorístico convierten a este libro en una sorpresa continua evocadora que arrastrará al lector irresistiblemente a encontrarse o reencontrarse con los tebeos, los libros y las películas mencionados.

 

Texto (página 252-254)

Elegía por Anarcoma


Hoy la hemos vuelto a buscar, de madrugada, por la Plaza Real. Un borracho dormía en un banco, se escuchaban muy altos los graznidos de las gaviotas y, como un farolillo de verbena, la luna colgaba todavía de una palmera. Pero ella no estaba. Sabíamos que nuestra visita rendía más tributo a la nostalgia que a la esperanza. Anarcoma continúa desaparecida. Se fue sin encontrar la máquina supersecreta del profesor Onliyú ni el collar de veintisiete vueltas de la tía-abuela del duque de Tronogordo. Se fue sin despedirse del Jamfry, sin una última actuación en el Torpedo, sin un último polvo con XM2. Se fue sin dejarnos una pista. Entre nosotros los hay muy audaces pero no conocemos el ambiente donde podríamos preguntar, seguir un rastro. Nos damos cuenta de que, entre nuestros detectives, ninguno se le parece. Sólo Anarcoma estaba capacitada para rescatar a Anarcoma y sólo ella, su regreso, habría podido disipar esta niebla en la que nos ha dejado. Tal vez Nazario sepa. Tendríamos que recordarle que, si él es su padre, nosotros representamos -y él no lo negaría- a sus hermanos mayores, o más bien su progenie, una especie de humildes ancestros. "Insular", "un caso aparte", "excesiva", "extraña" son algunos de los epítetos que Anarcoma mereció, como si ninguna relación tuviera con noso-tros, como si ella no encarnara nuestra superación y, demasiado tarde nos percatamos, nuestro canto de cisne. ¿Su mundo no era el nuestro? Sus aventuras fueron más salvajes y transgresoras, a sus chulos les abultaba el paquete más que a ninguno de nosotros y la mano que ahora pinta acuarelas y antes tocó la guitarra flamenca poseía un talento incomparable -y usamos el adjetivo con el pleno significado consciente de que nadie en su medio se le podía comparar- para recrear un universo que se ahondaba en cada viñeta. Pero sigue siendo nuestro mundo. ¿No son los hermanos Herr, esos Hernández y Fernández nacionales y perversos que fabrican robots de placentera dotación, una puesta al día y una venganza de las Hermanas Gilda que nunca conquistaron al hombre de sus sueños (húmedos, sospechamos hoy)? ¿Y las torturas que los fascistas del Sagrado Corazón infligen a la indócil Anarcoma no recuerdan, pichas aparte, a las que Ali-Kan aplicaba con el mismo sadismo, pero menos permisividad gráfica, a la dulce Ana María de nuestros pecados? ¿La secta secreta de San Reprimonio no se remonta a tantos encapuchados malévolos que quisieron dominar el mundo cuando éramos jóvenes y cutres? ¿Las locas y travestís que constituyen el coro griego de Anarcoma no reproducen a las Floritas y Lupitas, Sissís y Marilós de las ensoñaciones cursilonas de las niñas del franquismo? Hace ya bastantes años que apenas somos una nota a pie de página en la memoria de unos cuantos españoles fatigados. En Anarcoma se cifraba nuestra posteridad, la prolongación de nuestra estirpe. Y Anarcoma ha desaparecido. La seguiremos buscando. Volveremos al alba a la Plaza Real para escuchar un taconeo que se aleja por las Ramblas: ¿será ella? Al final reuniremos nuestras fuerzas y nos dirigiremos al Nazario. Le diremos que no ignoramos los desprecios del mercado pero que tal vez sólo de él, de Ella, depende nuestra pobre promesa de futuro. Le diremos que se fije bien en nosotros, los que reclamamos a Anarcoma e investigamos su paradero, y que nos reconozca, porque algo nos debe. Somos el hada con varita mágica de Azucena y somos el Cachorro y somos el inefable, el invencible Guerrero del Antifaz.